La presencia de ojos de gallo en los pies es un problema mucho más frecuente de lo que parece, también conocido como ojos de perdiz. Su nombre médico es algo más complejo: heloma interdigital o heloma Molle. Desde nuestra clínica podológica en Madrid te contamos que este problema consiste en un pequeño callo que suele aparecer entre nuestros dedos, generalmente entre el cuarto y el quinto, siendo muy doloroso y molesto. El principal motivo para que esta protuberancia aparezca entre los dedos de los pies es la acumulación de queratosis.

Los zapatos que oprimen nuestros pies en la parte delantera son un problema que puede determinar la aparición de ojos de gallo. Sobre todo, en el caso de los zapatos de punta, donde los dedos se ven sometidos a una gran presión, si además tienen tacón se incrementan las posibilidades de la irrupción de estos callos.

Si tienes una ligera molestia entre los dedos y un pequeño bulto, lo mejor es que visites a un podólogo cuanto antes. En muchas casos los ojos de gallo pueden confundirse con un papiloma, por lo que diagnóstico adecuado debe ser emitido por un experto de esta parte de nuestra anatomía.

Sus principales síntomas son la erosión y la inflamación de la piel, lo que genera dolor. Es normal que la zona se muestre húmeda en ocasiones, por lo que hay que prestarle atención para mantener los hongos alejados de nuestros pies. Cuando no se trata adecuadamente puede suponer la aparición de úlceras y otras molestias en la zona.

Según nuestra experiencia en la aplicación de tratamientos podológicos podemos contarte que la mejor forma de proceder es mediante una intervención quirúrgica, ya que se trata de la única manera de poder eliminar una protuberancia ósea. Para casos más leves, puede optarse por otros tratamientos menos invasivos como una exfoliación de la zona.

Desde Clínica PodoSalud recomendamos siempre utilizar un calzado cómodo y ancho que permita el movimiento del pie, sin provocar una presión excesiva. El uso de estos zapatos será obligatorio tras la intervención para evitar el roce, pero es aconsejable tenerlo siempre en cuenta.