Podemos definir el neuroma como un engrosamiento del tejido de un nervio. Un problema que puede surgir en cualquier parte de nuestra anatomía, sin localizarse necesariamente en el pie. No obstante, cuando esto ocurre en esta zona estamos ante el conocido neuroma de Morton. Desde nuestra clínica podológica en Madrid, queremos hablar de esta dolencia que se traduce en un engrosamiento del tejido interdigital y que suele tener lugar entre el tercer y el cuarto dedo del pie.

Generalmente, este problema suele aparecer como consecuencia de una compresión crónica, al producirse un atrapamiento o compresión del nervio entre las cabezas metatarsales. Este problema puede desencadenar fuertes dolores en la parte exterior del pie, a la altura del metatarso. Llama especialmente la atención que este mal suele tener una incidencia mayor entre las mujeres, especialmente a partir de los 50 años de edad.

El principal síntoma de esta patología es un fuerte dolor en el pie, una molestia que se ve intensificada después de realizar grandes caminatas y llevar durante mucho tiempo zapatos de tacón o con la puntera alargada. Este síntoma se ve aliviado al quitarse los zapatos, masajear la zona dolorida o poner los pies sobre una superficie fría. Además, esta molestia también puede verse completado por una sensación de hormigueo en la zona afectada.

El podólogo puede diagnosticar el neuroma de Morton mediante una exploración manual, realizando el denominado test de Mulder. En cualquier caso, existen otras pruebas que nos permiten ver el problema, nos referimos a las ecografías o a la resonancia magnética. Desde Clínica PodoSalud siempre incidimos sobre la necesidad de evitar el uso de calzado estrecho, zapatos con demasiado tacón o de puntera afilada. Esta es la mejor forma de prevenir el problema.

En cuanto al tratamiento, incluye infiltraciones de corticoides y anestésicos locales que reducen notablemente el dolor y las molestias. Si bien es cierto, que esta medida se aplica en el caso de pacientes con dolor crónico. En muchos casos, los tratamientos mínimamente invasivos no consiguen eliminar el dolor, siendo necesario recurrir a la cirugía. Durante la intervención se libera el ligamento y la descompresión del nervio, lo que supone la eliminación total del dolor localizado.