Una de las dudas más frecuentes entre los papás es si cuando los pequeños de la casa comienzan a dar sus primeros pasos será mejor que lo hagan con calzado adecuado o descalzos. Lo cierto es que existen opiniones para todos los gustos, incluso existen publicaciones que señalan que los que empiezan a caminar descalzos son más felices, pero no hay ninguna evidencia científica al respecto. En esta entrada queremos abordar esta cuestión como clínica podológica en Madrid para dar respuesta a una de las preguntas recurrentes que escuchamos habitualmente en nuestra consulta.

Cuando los niños llegan a esa etapa en la que comienzan a caminar con ayuda de un adulto y, siempre que se encuentren dentro de casa, es recomendable que lo hagan descalzos con unos calcetines antideslizantes para evitar que patinen y se caigan. Uno de los principales motivos para que los niños empiecen a andar descalzos, no es otro que ejercitar la propiocepción. En otras palabras, trabajar la capacidad de sentir las diferentes partes corporales. Ayudan a los niños a interiorizar el proceso de caminar, a averiguar cómo mover sus piernas y músculos para poder caminar por sí mismos.

Descalzos los niños cuentan con más propiocepción, ya que se tiene mayor sensibilidad en la planta del pie, ayudándoles a detectar la posición correcta y mejorar el procedimiento de andar. Aunque, es cierto que los pequeños pueden acostumbrarse a ir descalzos y se nieguen a ponerse los zapatos cuando sea necesario.

Desde Clínica PodoSalud queremos destacar que al caminar descalzos estamos enviando más estímulos al cerebro, lo que influye en el aprendizaje infantil de las funciones motoras relacionadas con el pie. Por todo ello, es importante hacer uso de los calcetines antideslizantes, evitando calzarles antes de tiempo. Los mismos pueden sustituirse por calzado flexible adecuado cuando los pequeños comiencen a gatear, evitando así que se hagan daño.

También, es importante respetar los tiempos de los niños, dejar que sean ellos quienes muestren su interés por caminar, sin forzarles a hacerlo. Es decir, podemos fomentar su práctica cuando comienzan a dar sus primero pasos, pero sin obligarles a ello.