Aunque tarde, el invierno ya está aquí. El temporal de lluvias y nieve se extiende por toda la geografía nacional y parece no darnos tregua. Evidentemente, con el frío, la lluvia y la humedad apostamos por el uso de calzado cerrado e, incluso, muchas veces optamos por calzar botas de agua con materiales poco convenientes. En nuestra clínica podológica en Madrid sabemos que, precisamente por este motivo, es habitual que en esta época del año surjan problemas con la salud de nuestros pies.

Las patologías más frecuentes del invierno son: papiloma plantar, dedos en garra, hongos en los pies, rozaduras, sabañones o callosidades y verrugas. Sin embargo, además de acudir al podólogo con regularidad existen algunas cuestiones que podemos tener en cuenta para evitar la aparición de estos problemas en nuestros pies.

 

Consecuencias del frío y la lluvia

Aunque puede parecer que no hay relación entre el frío y los pies, sí que existe. Las bajas temperaturas hacen que los vasos sanguíneos de nuestros pies se compriman, lo que reduce la circulación de la sangre. Es importante tener en cuenta que los pies son la zona más alejada del corazón por lo que los problemas circulatorios pueden desencadenar otros problemas podológicos.

Además de los problemas con el riego sanguíneo, el frío puede causar otras molestias en los pies. Como, por ejemplo, eccemas, dermatitis o sabañones. Estos últimos son muy molestos, ya que causan inflamación en la zona, enrojecimiento cutáneo y ocasiona picor y quemazón en el lugar donde aparecen.

Los niños y las personas de la tercera edad deben extremar las precauciones, ya que son colectivos vulnerables. Esto tiene una explicación, su sistema inmunológico es más débil que el de una persona adulta y sana.

 

Cómo proteger nuestros pies en invierno

El tejido de los calcetines es importante. Úsalos de lana o algodón para que permitan la traspiración del pie, a la vez que nos protegen del frío. También es importante que los calcetines no te aprieten para que no afecten a tu circulación y la sangre fluya con normalidad.

Si no te queda más remedio que pasar mucho tiempo de pie o sentado, masajea la zona con frecuencia para mantener la temperatura más adecuada. Cuando sentimos frío tendemos a acercar los pies a fuentes de calor, sin embargo no es lo recomendable. Los cambios bruscos de temperatura favorecen la aparición de afecciones podológicas.

Finalmente, desde Clínica PodoSalud queremos hacer hincapié en la necesidad de elegir un calzado adecuado, que no sea demasiado apretado, con suelas apropiadas para evitar resbalones e impermeables. Y no olvides visitar a tu podólogo para que revise el estado de tus pies y te ofrezca consejos personalizados para preservar tu salud.