En este blog, hemos repetido en varias ocasiones lo importante que es la talla a la hora de comprar calzado para evitar problemas a corto, medio y largo plazo. ¿Qué pasa si queremos comprar un par de botas en una tienda online y por lo tanto no tenemos oportunidad de probarlas? Anota estas pautas para tenerlas en cuenta en estos casos o ponte en contacto con nosotros.


A la hora de pedir calzado por Internet sabemos que no siempre se acierta a la primera. De todos, el propósito siempre es el mismo: que los zapatos sean cómodos y de la talla correcta. Es decir, que el calzado no apriete ni quede excesivamente holgado.

Para las marcas que usan tallas europeas, el sistema es muy simple. Está regulado por la norma UNE 59850:1998 de Aenor. Lo que hay que hacer es multiplicar la medida del pie en centímetros por 1,5. Por ejemplo, si nuestro pie mide 26 centímetros, la talla necesaria será una 39 (26 x 1,5 = 39). Dicho de otro modo, en Europa, la diferencia entre talla y talla es de 6,66 milímetros. Es lo que se llama “punto de París”.

Hay que tener en cuenta que, al caminar, el pie se estira al pisar el suelo. Por eso, el zapato debe ser algo más grande que el pie (más o menos 1 cm). Para comprobarlo, si echamos el pie lo más hacia delante posible, tiene que caber un dedo en la parte trasera. Por eso, al medir el pie, es conveniente añadir 0,7 cm a la medida obtenida. Es lo que se llama “medida del pie en actividad”. Ten en cuenta que es una medida aproximada y que depende del puente. Si se tienen pies planos, el pie no se estira tanto y en lugar de 0,7 cm basta con añadir unos 0,2 cm. Si se tiene el pie muy cavo, puede ser necesario añadir hasta 1 cm.

Algunos fabricantes usan medias tallas que van de 2/3 en 2/3 (de 0,66 en 0,66). Suelen ser zapatos de origen inglés o americano. En este caso, en Podosalud te recordamos que basta con saber qué tallas hay disponibles y hacer el mismo cálculo anterior.