Las botas o zapatos de plataforma empezaron a estar de moda a finales de los 90 y parece que ahora esta tendencia está resurgiendo con fuerza. Estos zapatos de hechuras XXL triunfan sobre todo entre los más jóvenes. Una moda con consecuencias muy negativas sobre nuestra salud que, como expertos en podología, queremos repasar en las siguientes líneas. 

Lo primero que tenemos que tener claro es que una gran plataforma cambia innegablemente nuestra forma natural de andar. El patrón ideal de marcha es despegar del suelo sobre los dedos, como si nos fuésemos a poner de puntillas, levantando el talón. En este gesto interviene la articulación metatarsofalángica, la que nos da impulso. Al flexionar el primer dedo, se tensa la fascia plantar, el músculo que va por debajo de la planta del pie. Esto genera que el pie, por el mecanismo denominado de Windlass, se fortalezca y quede más estructurado. Esta es, a grandes rasgos, la biomecánica del paso, la forma más correcta y natural de caminar, con la que se consigue mayor estabilidad. 

Inestabilidad y mayor cansancio, principales consecuencias

Cuando utilizamos plataformas, prescindimos del movimiento de esta articulación y el pie se queda como más aplanado dentro del calzado. Las consecuencias, además de dificultar la acción de caminar, es que hay que levantar mucho los pies del suelo. Además estos zapatos no suelen tener curvatura en la suela. Esto hace que falte estabilidad, además de provocar malas posiciones del pie. Si este calzado no tiene la puntera redondeada hacia arriba, cuando levantamos el pie del suelo nos vamos a tropezar enseguida con esta.

A estos problemas se suma la falta de flexibilidad. Las plataformas no son flexibles y provocan inestabilidad. En Podosalud te advertimos que, en consecuencia, aumentan las posibilidades de sufrir esguinces o fracturas de quinto metatarsiano por pisar lateralmente.

En definitiva, llevando un calzado con plataforma no podemos tensionar el pie y, por tanto, es imposible reforzarlo. Esto hace que se desencadenen los males típicos del pie plano: inestabilidad y mayor cansancio. Por eso, en niños aún en fase de desarrollo, este tipo de calzado es todavía menos recomendable teniendo en cuenta que el pie está en evolución.