Ha ocurrido siempre, de generación en generación. Los más pequeños van recogiendo lo que sus hermanos mayores dejan de usar, ya sean juguetes, ropa, libros de clase o también zapatos. Pero, ¿es bueno para los pies de los niños heredar calzado? Vamos a tratar de analizar esta situación en estas nuevas líneas de nuestro blog.

En la Clínica Podosalud nos preocupamos por la salud de tus pies y, por supuesto, también por la de tus pequeños. Por eso, os ofrecemos consejos y guía para cuidar los pies de tus hijos de la manera más correcta desde edades tempranas. De esta manera, ya usamos este espacio para hablaros de por qué los bebés se meten el pie en la boca o hasta qué edad crecen sus extremidades.

En nuestra experiencia, pese a que económicamente puede ser una ayuda, no es bueno para los pies de los niños heredar calzado de sus hermanos mayores. A continuación, vamos a tratar de explicarte los principales motivos que esperemos que te convenzan de evitar esta práctica en la medida de lo posible.

Motivos por los que no es bueno para los pies de los niños heredar calzado

En la mayoría de casos, el calzado de los mayores pasa a los pequeños con bastante uso. Esto implica zapatillas o zapatos deformados y desgastados en la suela y otras partes.

El pie de un niño pequeño no se termina de desarrollar completamente hasta los 14 años, más o menos. En sus primeros años de vida, pasa a través de diferentes fases de desarrollo en las que debemos de preocuparnos de que todo vaya según lo previsto, sin baches ni tampoco problemas.

Son varias las consecuencias de utilizar calzado heredado, aspectos que pueden repercutir de manera negativa y llegar a propiciar problemas de diversa índole:

  • Molestias y rozaduras
  • Restringir el movimiento de los dedos
  • Problemas de equilibrio a la hora de andar o correr
  • Padecer distintas alteraciones a la hora de pisar y caminar
  • Puede llegar a verse afectada la estructura del pie y del arco plantar
  • Se aumentan las posibilidades de padecer pie plano
  • Los inconvenientes pueden llegar a afectar también a los tobillos, las rodillas e incluso la cadera